Los grandes nombres del arte brasileño van del barroco colonial de Aleijadinho a creadores actuales como Adriana Varejão o Vik Muniz, pasando por el modernismo de Tarsila do Amaral, Anita Malfatti, Di Cavalcanti y Candido Portinari. Si hay que quedarse con una sola obra, la más famosa es el Abaporu de Tarsila, de 1928, que inspiró el Manifiesto Antropófago. Esta selección recorre doce artistas en orden cronológico, con sus obras clave y lo que las hace importantes.
El barroco colonial
Aleijadinho (Antônio Francisco Lisboa)
Escultor, tallista y arquitecto de Vila Rica, la actual Ouro Preto, en Minas Gerais. Su fecha de nacimiento es dudosa (el acta de defunción dice 1738, pero un bautismo de 1730 apunta antes) y murió en 1814. Desde finales de la década de 1770 sufrió una enfermedad degenerativa que le deformó el cuerpo y de la que viene su apodo, «el lisiadito»; su causa sigue sin conocerse.
Obras clave: los Doce Profetas del Santuario del Bom Jesus de Matosinhos, en Congonhas, tallados entre 1800 y 1805, y las figuras de tamaño natural de los Pasos de la Pasión repartidas en seis capillas del mismo santuario. El conjunto es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. También trabajó en la iglesia de San Francisco de Asís de Ouro Preto, con retablos, púlpitos y la portada.
El modernismo: la ruptura de los años veinte
Anita Malfatti (1889-1964)
Nacida en São Paulo, estudió en Berlín, donde descubrió el expresionismo alemán, y después en Nueva York. Su exposición individual de finales de 1917 en São Paulo provocó un escándalo y una crítica muy dura del escritor Monteiro Lobato, pero se convirtió en el punto de partida del modernismo brasileño. Participó en la Semana de Arte Moderno de 1922.
Obras clave: A Boba (1915-1916), hoy en el Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de São Paulo; O Homem Amarelo (1915-1916) y A Estudante Russa (1916), en el MASP. Colores inesperados, fondos casi abstractos y figuras solitarias: justo lo que escandalizó a la crítica académica.
Tarsila do Amaral (1886-1973)
Nació en Capivari, en el interior de São Paulo, en una familia de hacendados. Estudió en Barcelona y en la Académie Julian de París a principios de los años veinte, donde conoció las vanguardias. De vuelta en Brasil se propuso pintar el país con un lenguaje moderno: paisajes rurales, favelas, ciudades que se industrializaban y figuras del folclore.
Obras clave: A Negra (1923), pintada en París; Abaporu (1928), regalo de cumpleaños a su marido, el escritor Oswald de Andrade, que lo tituló e hizo de él el emblema del Manifiesto Antropófago: «devorar» lo europeo para crear algo propio; Antropofagia (1929), que une las figuras de las dos anteriores; y Segunda Classe, de su etapa social. La crítica divide su obra en tres fases: Pau-Brasil, Antropofágica y Social. El Abaporu se exhibe en el MALBA de Buenos Aires.
Di Cavalcanti (1897-1976)
Emiliano Di Cavalcanti, carioca, fue uno de los impulsores de la Semana de 1922 y dibujó la portada de su programa. Su gran tema es la vida popular de Río: mujeres mestizas, carnaval, samba, músicos y calles de barrio, pintados con colores intensos y formas rotundas.
Obras clave: As cinco moças de Guaratinguetá, en el Museo de Arte Contemporáneo de la USP, y su serie de retratos de intelectuales. En la Bienal de São Paulo de 1953 compartió el gran premio de pintura brasileña con Alfredo Volpi.
Lasar Segall (1891-1957)
Nacido en Vilna, entonces parte del Imperio ruso, se formó en Alemania en el círculo expresionista. Expuso en São Paulo en 1913 y se instaló definitivamente en Brasil en 1923. Su pintura une el expresionismo con temas como la emigración, la pobreza y el paisaje brasileño.
Obras clave: Bananal (1927), Navio de emigrantes (1939-1940), sobre los barcos de refugiados que cruzaban el Atlántico, y la serie Mangue, sobre el barrio de prostitución de Río. Su antigua casa es hoy el Museo Lasar Segall de São Paulo.
Arte social y pintura de la tradición
Candido Portinari (1903-1962)
Hijo de inmigrantes italianos, nació en una hacienda de café cerca de Brodowski. Es el pintor brasileño con más proyección internacional y el gran retratista del trabajador y del migrante pobre. Murió intoxicado por el plomo de las pinturas que usaba.
Obras clave: Café (1935) y O Lavrador de Café (1934), sobre los jornaleros de las plantaciones; Retirantes (1944), en el MASP, una familia que huye de la sequía del Nordeste; y los dos paneles de Guerra y Paz (1952-1956), de unos 14 por 10 metros cada uno, en la sede de la ONU en Nueva York.
Alfredo Volpi (1896-1988)
Nacido en Lucca (Italia) y llegado a São Paulo de niño, fue autodidacta y una de las figuras del Grupo Santa Helena, un colectivo de pintores de origen obrero formado en los años treinta. Pasó del óleo al temple, una técnica antigua que le dio sus colores mates.
Obras clave: las fachadas de casas estilizadas de los años cincuenta y, sobre todo, las bandeirinhas, banderitas de las fiestas de San Juan convertidas en un juego geométrico de color que es su sello más reconocible.
Vanguardias de los años cincuenta y sesenta
Lygia Clark (1920-1988)
Nacida en Belo Horizonte, fue una de las fundadoras del neoconcretismo, cuyo manifiesto de 1959 pedía un arte abstracto menos racional y más ligado a la experiencia. Su idea central: que el espectador deje de mirar y empiece a participar.
Obras clave: los Bichos (1960-1963), esculturas de placas de metal con bisagras que el público puede plegar en múltiples formas; O eu e o tu (1967), dos monos unidos por un cordón; y, desde finales de los setenta, sus «objetos relacionales» usados en sesiones de carácter terapéutico.
Hélio Oiticica (1937-1980)
Carioca, se unió al Grupo Frente en 1955 y después al neoconcretismo. Llevó la pintura al espacio y al cuerpo.
Obras clave: los Metaesquemas de los años cincuenta; los Parangolés, capas y estandartes de tela pensados para vestirse y bailarse; y la instalación Tropicália (1967), que dio nombre al movimiento musical tropicalista. En 2009 un incendio en la casa de su hermano destruyó parte de su obra y de su archivo.
Artistas contemporáneos
Beatriz Milhazes (1960)
Pintora de Río de Janeiro y figura destacada de la llamada Generación 80, que volvió a la pintura en esa década. Pinta motivos sobre láminas de plástico y los transfiere después al lienzo, lo que da a sus cuadros una superficie lisa y llena de capas: flores, círculos y arabescos de colores muy vivos. Ha expuesto en la Bienal de Venecia, la Fondation Cartier de París y el MASP, y en 2012 su cuadro Meu Limão superó los dos millones de dólares en una subasta de Nueva York.
Adriana Varejão (1964)
Nacida en Río, se formó en la Escola de Artes Visuais do Parque Lage. Trabaja con pintura, escultura e instalación, y su motivo más reconocible es el azulejo portugués, que abre en grietas y heridas de las que asoma «carne» para hablar de la violencia colonial, el mestizaje y la herencia barroca.
Obras clave: la serie Ruínas de Charque (2000-2004) y Panacea Phantastica. Tiene un pabellón propio en el Instituto Inhotim, en Minas Gerais, y obra en la Tate Modern y el Guggenheim.
Vik Muniz (1961)
Nacido en São Paulo, crea imágenes con materiales inesperados y luego las fotografía: sirope de chocolate en Pictures of Chocolate (1997) o basura en Pictures of Garbage (2008), retratos hechos con los recicladores del vertedero de Jardim Gramacho, cerca de Río. Ese proyecto se cuenta en el documental Waste Land (2010), nominado al Óscar.
Cómo seguir descubriendo el arte brasileño
Para ver estas obras en persona, los museos de referencia son el MASP y la Pinacoteca de São Paulo, el Museo de Arte Contemporáneo de la USP, el Museo Nacional de Bellas Artes de Río y el Instituto Inhotim, un enorme parque de arte contemporáneo cerca de Belo Horizonte. Para el barroco, la visita imprescindible son Ouro Preto y Congonhas.
Una buena forma de ordenar lo visto es seguir el hilo que une a casi todos: la pregunta de cómo hacer un arte moderno que sea a la vez brasileño. Tarsila la respondió con la antropofagia, Portinari con la denuncia social, Volpi con la cultura popular y Lygia Clark y Oiticica sacando la obra del cuadro para que el público la viviera.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el cuadro más famoso de Brasil?
El más citado es el *Abaporu* de Tarsila do Amaral (1928), símbolo del movimiento antropofágico. Muy cerca están *Retirantes* y *Guerra y Paz* de Portinari.
¿Qué fue la Semana de Arte Moderno de 1922?
Un festival celebrado en febrero de 1922 en el Teatro Municipal de São Paulo con exposiciones, lecturas y conciertos. Se considera el arranque oficial del modernismo brasileño.
¿Qué es la antropofagia en el arte brasileño?
Una idea lanzada por Oswald de Andrade en 1928: asimilar las vanguardias europeas como quien se come al enemigo para quedarse con su fuerza, y crear con ellas un arte propio.
¿Dónde se puede ver el Abaporu?
Pertenece a una colección privada argentina y se exhibe en el MALBA, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.